sábado, 26 de marzo de 2016

La primera vez que te hablé

La primera vez que te hablé: supongo que es así como debería comenzar.
La primera vez que te hablé yo estaba sola, y no me complementaba; sentía constante vergüenza y todos hablaban sobre mí a causa de la incomodidad ante algo nuevo, algo distinto, venidero de otros sitios, con otras costumbres, extraña.
La primera vez que te hablé yo no pretendía entablar una amistad contigo, te hablé por intereses, necesidades de la juventud.
La primera vez que te hablé no me revisaste con la mirada, tampoco hiciste énfasis (como todos los demás) en mis notables daños.
La primera vez que te hablé sonreíste gigante y bastó.
La primera vez que te hablé tú no sabías sobre mí, me desconocías por completo y aun así: sonreíste gigante.


Gracias por sonreír gigante la primera vez que te hablé.

viernes, 18 de marzo de 2016

Te perdono

En mi cabeza ingenua
no existe razón ni sentido
para privarme de querer y cuidar a alguien.
Todo lo veo con ojos de amor
y aun así buscan herirme.

Empiezo a suponer que es eso lo que hacemos,
romperlo todo.
Empiezo a suponer que
te perdono la humanidad frente al instinto de romperme en mil pedazos.
Sí, te perdono.

sábado, 27 de febrero de 2016

En torno a ser diseñador

Alguna vez, Charles Eames, un arquitecto, diseñador y director de cine estadounidense, dijo frente a un entrevistador que: “El diseño es una expresión de la intención.”
Mi persona piensa que, de hecho, el diseño es la acción posterior a la incomodidad. Se diseña porque se ha habitado, se alteran los objetos porque se ha tenido la oportunidad de experimentarlos y dejaron de ser suficientes.
Soy creyente de que una persona que elige diseñar debe haber estado viviendo apasionadamente y, advirtió que los objetos mundanos a los que se aferraba ya no bastaban. Un espíritu habitante y dependiente de un cuerpo terrenal que se aferra a lo tangible del planeta para sobrevivir, ha de conseguir la manera, si se me entiende, para saciar las necesidades.
Lo más importante que un diseñador debe conservar en su poder, es el privilegio de observar, de notar las pequeñas cosas. Comenzar a fijarse y nutrirse con información nueva, guardar esa información en la memoria como un tesoro, y en secreto, usarla. Un diseñador gráfico debe ser conocedor del contexto donde se encuentra y desarrolla, debe sentir constante preocupación por aprender, mantenerse actualizado acerca de todo lo que ocurre en el ámbito profesional y académico para poder ofrecer particularidad. Debe también, ser un peatón capaz de cautivarse con cualquier suceso, dispuesto a adoptar toda forma a su alrededor con la intención de domesticarla.
Norberto Chaves, en uno de sus ensayos afirma que un diseñador “no puede estar vacío. Dado que el diseño no le dicta otra norma que la de la eficacia, es el diseñador quien debe nutrirse del más amplio repertorio de recursos.” Luego, sin dudarlo, suelta que: “Un diseñador inculto no sólo es un mal diseñador: simplemente no es diseñador.”
Para innovar se debe razonar un proceso y cumplirlo correctamente.


La sociedad, en efecto, precisa del diseño porque los seres humanos son ampliamente visuales y cualquier objeto que los rodee, en algún momento fue diseñado.
El diseño gráfico debe poder comunicar y crear una mejor calidad de vida, ese debe ser nuestro objetivo, específicamente en este país donde se pierden los ánimos entre tanta sombra y penumbra. En este país donde cada vez nos comunicamos menos, es necesario que existan personas salvavidas dispuestas a crear nuevos lazos y mantener los escasos que aún tienen el valor de aferrarse entre susurros finales.


Es vital que nosotros, como futuros diseñadores, advirtamos que nos estamos comprometiendo con un país entero y las personas que lo habitan, para que sin rabiar, nos abracemos a ese discurso que promete salvarlo.

sábado, 13 de febrero de 2016

Revelarnos

Es difícil entender qué sucede con la mente humana, no cabe duda, escogemos no advertir lo que nos acontece, no internalizamos nuestras propias curiosidades, y como brincando al vacío, en un salto de fe: actuamos.

Sí es cierto que cada ser vivo acarrea todo un mundo dentro, lo es, pero ese hecho no alcanza a excusar nuestra testarudez al abrirnos frente situaciones nuevas.

Lloramos mientras nos preguntamos por qué se ha vuelto tan complicada la vida, y  escogemos no entender que sigue siendo la misma. Sucede que hemos comprendido más libros, más películas, más personas, hemos amado y sufrido en cantidades poderosas, hemos luchado batallas internas, muy a menudo hemos aprendido a escapar porque las cosas se tornan tenebrosas, ajenas, y por supuesto, gran parte del tiempo hemos estado sintiendo miedo.

Entonces aquí llegamos, somos edificados en este planeta con una simple finalidad, y nos abrazamos a la trampa casi como algo poético, destruyéndonos hasta estar lo suficientemente jodidos, lo necesario para comenzar a implorar asilo en otros cuerpos. Cuerpos que de los escombros se han levantado. Cuerpos conocedores de las texturas que obtienen todos los fondos.

Deduzco que es un efecto dominó, si entiendes a lo que me refiero.

En fin, como última opción: estudiamos muy de cerca a este cuerpo, suspirando una y otra vez, esperando que de un momento a otro, casi sin notarlo, revele su secreto. Para que de esa manera, sin decirle a nadie, intentemos una nueva jugada, decididos a resurgir.

Mostrando lo que nos queda frente a las adversidades, con la esperanza de que nosotros también ganemos, apreciando que salvaciones hay muchas.


Vamos a contarnos todos esos secretos que orgullosos hemos ocultado hasta hoy.

Experimentemos un poco de humanidad, que ha estado escaseando aun sabiendo que nosotros mismos somos lo único que siempre hemos tenido.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Mi acogido Alexanders


A mi persona le gusta descubrir cosas nuevas, como Alexanders.

Estoy convencida de que cuando un árbol cae en un bosque solitario, donde no hay nadie para escucharlo, también hace ruido.
Descubrí que Alexanders hace ruido todo el tiempo aunque siempre elija callar.


Alexanders observa, se fija y hace ruido.
Alexanders se enamora y hace ruido.
Alexanders roza y hace ruido.
Alexanders suspira y hace ruido.
Alexanders sonríe y hace ruido.

No puede detenerse porque no lo sabe.
Desconoce los sinónimos que se aferran a su espíritu. Como que es un ser universo, por ejemplo.
Es infinito, lleno de todo creando la nada, brillante y vacío.
Es ausente, pero posiblemente esté en todo, y puede o no: ser. Nadie lo sabe, nadie alcanza a entenderlo.
Es un misterio, él elige sonar y de pronto, ya nada parece tan relevante.
No se da cuenta de lo ruidoso que puede llegar a ser.

A veces (de milagro) uno encuentra melodías mágicas, como Alexanders: humano fugaz y momentario, capaz de ensordecerlo todo con su ruido absoluto.

De corazón deseo, que en algún momento de sus cortas vidas, tengan la fortuna de escuchar el silencio de un ser universo, como yo.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Crecer y envejecer

Recuerdo muy bien mi tercer cumpleaños, despertamos mi padre, mi madre y mi persona en el cuarto donde vivíamos, yo tenía el cabello dorado y cuando saltaba mis ondas se meneaban casi divinas por todo el espacio frente a mi cara, rebotaban y golpeaban toda la superficie de mi pequeña y pálida cabeza. Aquel día salté toda la mañana sobre mi cama porque desayunamos Pingüinitos (cuando se conseguían) en la Venezuela más digna que he habitado.
Salté y salté y salté y salté miles de veces, se me hacía corriente volar.
Entonces caí, pero carecía de importancia porque yo, ¡era la niña más feliz del mundo! Me rompí la cabeza, había sangre por todas partes y con gracia recuerdo haber preguntado si se trataba (tan pronto) de mi primer periodo, pero gracias a Dios la respuesta fue negativa, de hecho fueron siete puntos los que me gané.
Siquiera el momento que me raparon mi dorada cabellera para comenzar a tejer sobre mi cráneo arruinó los siete años consecutivos a ese evento, época en la que mi padre y yo armamos una relación casi inquebrantable. A veces pienso, no es casualidad que luego de contar los siete años, casi como algo bendito y destinado, me haya abandonado.
Sí es cliché venir de una crianza sin paternidad, pero es inevitable y afecta como si fueras el único ser con esa clase de vacío en el planeta. Inclusive hasta hace un par de años, erróneamente, mi persona aún se creía un ser demasiado desgraciado para compartir un espacio determinado con cualquier otro humano corriente.


Es entonces cuando se comienza a crecer. Me pasa que parpadeo, pasan dieciocho años y me encuentro a mí misma frente a un computador, en la Venezuela más corrupta y avergonzada que he habitado, pensando que crecer y envejecer significan completamente lo opuesto y yo soy capaz de fijarme. Hemos vivido creyendo que es sencillamente lo mismo, quien se atreva a comentar que se trata de un tema similar comete un gran error.
Siendo una joven observadora, con mis cortos pero productivos años de vivencias y reflexión, quiero explicarles que entre un ser que crece y un ser que envejece, existe una triste barrera (un portal, mejor dicho) y voy a aclararles esta idea poniendo de perfecto ejemplo, nada más ni nada menos, que a mi padre.


Hace dos meses tomé la decisión (teniendo como excusa mi cumpleaños número dieciocho) de comunicarme con él y acordar una muy poética cita.
Fue a buscarme a mi casa en el Mercedes Benz de los años 70 donde se transportó amplios tiempos de su vida, inclusive aquellos que compartió con mi madre. Siempre me ha parecido un automóvil trágico, porque no crece, sino que envejece constantemente y sin detenerse. Creando así, con su existencia, un recuerdo melancólico de lo que alguna vez fue.
¿Comienzan a comprender a qué me refiero?
Aquella tarde me confesó que siempre había querido cantar, vivir para eso. Repitió centenares de veces todos los cursos (aleatoriamente) en los que se había inscrito, pero yo solo veía sus manos llenas de cicatrices, que se abrían y cerraban con el transcurso del tiempo. Mi padre es el mejor mecánico de mi pueblo, siempre tiene las palmas cortadas, no logra evitarlo. Y ¿quién soy yo para juzgar a un ser que se hiere por lo que ama? Mi persona lo hace todos los días.

Esa misma noche, al finalizar mi cita llegué a casa y me recosté, parpadeando lentamente mientras me sucumbía en el vacío de un sueño tranquilo, y era tranquilo porque mi padre: estaba creciendo.

Entonces pasó.
Anoche lo llamé para saludar y el hombre detrás del altavoz era otro.
Charlé un momento con un ser enfermo, un ser que ya no puede cortarse una y otra vez las palmas de las manos por amor al oficio, un ser con un límite mortal trazado frente a su nariz, un ser que: está envejeciendo.


En conclusión, se trata de un portal que todos terminan por cruzar.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Enamorarse nunca está de más

Mi persona se enamora constantemente, se enamora de quien sea.
Se enamora de las pequeñas cosas y las vuelve inmensas.
Se enamora de cualquier ser vivo y lo convence de ser su favorito.
Se enamora de los defectos y los errores.
Se enamora de las vergüenzas.
Se enamora de lo rechazado.
Oh, amigos.
Mi persona no exagera ni siente lastima por nada.

Mi persona, sencillamente: se enamora todos los días.

Confesión primera

Es trágico, porque existió un momento (previo a ti) donde a mi persona no le parecía "todo un evento" una revelación como ésta, me pregunto ¿exactamente qué implica una confesión? Llevo meses reflexionándolo y lo único que puedo concluir es miedo, así que aprovechando la idea seré sincera y solo lo diré.

Tengo miedo porque apareciste.

Carta a un ser entristecido

Ha pasado ya un tiempo de verte sonreír.
Te he visto sonreír y luego, sin pensarlo dos veces, he vuelto a casa.
Te he visto sonreír y he vuelto a casa.
Te he visto sonreír y he vuelto a casa.
Te he visto sonreír y he vuelto. Así, constantemente.
Pero hace un momento me he fijado.
Me he fijado y no cabe duda: jamas te he visto sonreír.

Cada tarde me pregunto si eres o no fuiste. Verás, existen dos tipos de personas que se encuentran.
Están quienes se encuentran presentes en un lugar determinado y están quienes se encuentran a ellos mismos en cualquier lugar.

Querido ser entristecido, yo he venido a decirte que mi persona se ha fijado: tú no te encuentras.

sábado, 6 de junio de 2015

Carta a un alma desgraciada

Puedo observarte a lo lejos y comprendo.
Te leo las pupilas y me conmuevo pensando en qué tanto necesitas ser salvado.
Me revuelco en ideas errónea, me siento poderosa y termino por admitirme que no puedo hacer mucho, lo intento por puro placer.
A menudo te preguntarás qué tanto soy capaz de dar por un alma que recién se me atraviesa en el camino, qué tanto puedo contarle los latidos, a menudo te preguntarás: ¿por qué?

Te diré el porqué. Después de que me salves.