Puedo observarte a lo lejos y
comprendo.
Te leo las pupilas y me conmuevo
pensando en qué tanto necesitas ser salvado.
Me revuelco en ideas errónea, me
siento poderosa y termino por admitirme que no puedo hacer mucho, lo intento
por puro placer.
A menudo te preguntarás qué tanto
soy capaz de dar por un alma que recién se me atraviesa en el camino, qué tanto
puedo contarle los latidos, a menudo te preguntarás: ¿por qué?
Te diré el porqué. Después de que
me salves.