sábado, 6 de junio de 2015

Carta a un alma desgraciada

Puedo observarte a lo lejos y comprendo.
Te leo las pupilas y me conmuevo pensando en qué tanto necesitas ser salvado.
Me revuelco en ideas errónea, me siento poderosa y termino por admitirme que no puedo hacer mucho, lo intento por puro placer.
A menudo te preguntarás qué tanto soy capaz de dar por un alma que recién se me atraviesa en el camino, qué tanto puedo contarle los latidos, a menudo te preguntarás: ¿por qué?

Te diré el porqué. Después de que me salves.